Si hay dos rostros que simbolizan el conflicto palestino-israelí, ésos son: Ariel Sharon y Yasser Arafat. Ambos son el estandarte de dos pueblos enfrentados y representantes de profundas diferencias culturales, religiosas y políticas. Sin embargo, los dos diligentes compartieron un odio que sobrepasó las cuestiones políticas.
Ariel Sharon durante su carrera militar utilizó una política basada en el extremismo y la crudeza causando miles de muertes, lo que le supuso ser juzgado por Israel y por la Comunidad Internacional. Numerosos episodios sangrientos como la toma del paso de Mitla y su dura política en Gaza y Cisjordania provocaron un freno en su carrera política respectivamente. Sin embargo, uno de los golpes más duro lo recibió al ser cesado como ministro tras las matanzas de Sabra y Chatila.
Sharon posee una personalidad impasible que forjó desde su niñez. Hijo de un polaco y una rusa con quienes no mantenía buenas relaciones, le hicieron alistarse a la temprana edad de 14 años en una organización paramilitar de autodefensa judía llamada Haganá. Un joven que destacó por su decisión, su firmeza e inteligencia lo que le hizo ascender y comandar la brigada 101.A lo largo de su carrera ha dirigido los Ministerio de Defensa, de Industria, de Vivienda y Exteriores antes de llegar en 2001 a ser el undécimo primer ministro de Israel. En la actualidad Sharon está en coma vegetativo.
El líder del bando palestino, Yaser Arafat, a diferencia de su adversario Sharon, su primer contacto con la política fue con la adhesión a un grupo nacionalista de árabes palestinos. Su principal función fue el contrabando de armas.
Hijo de palestinos, su infancia la pasó entre El Cairo y Jerusalén. La popularidad internacional le llegó al fundar Al-Fatah. Su premisa era la recuperación de sus territorios por sus propios medios. En 1967, tras el fracaso de la guerra de los “seis días” Arafat se puso al frente de la Organización de Libración Palestina (OLP) estableciendo sus campamentos en la frontera con Israel y lanzando ataques terroristas desde el Líbano como el asesinato de once atletas israelíes en Las Olimpiadas de Munich.
También presidió la Autoridad Nacional Palestina. Fallida la primera Intifada, Arafat cambió de estrategia y proclamó un discurso en la ONU abandonando el terrorismo y reconociendo la existencia de Israel. Diez años antes de su muerte Arafat recibió el Premio Nobel de la Paz por su labor de búsqueda de la paz en Orienta Medio.
A pesar de la intención de paz en esta última fase, Sharon acusó de “enemigo público” a Arafat y lo encuarteló en Ramallah, lo que nos indica que hasta el último momento mantuvieron ese odio recíproco.